miércoles, 5 de noviembre de 2014

Déjame morderte la mandrágora que chilla en tu entrepierna llena de versos inconclusos y letras estériles. Déjame ser tu complemento circunstancial del predicado eréctil que aún no concretas.
Solía caminar en estas tierras indómitas
a sollozar por el futuro constante y el pasado perdido.

Sí, es así como comenzaba poco a poco a desdibujarme, como si nada pasase; como si el fin fuese utópico.

He tejido parte por parte los verbos arcaicos de mi memoria, escondidos en la parte fría de mi sangre.
Aquellas palabras que duelen y confortan al mismo tiempo.

La eterna numerología constante y el arcano mayor repitiéndose vez tras vez.